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El rescate de la nación -

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El rescate de la nación -

Mensaje por Soujiro el Lun Dic 09, 2013 2:47 am

Alguien llamaba a la puerta, era tarde o podría decirse temprano, nunca me ponía de acuerdo en ese aspecto, la gente solía llamar a las 4 am como la madrugada, pero para mi era solo una parte mas de la noche en la cual la gente no debía ser molestada. Una pequeña carta se deslizó por debajo de la puerta, ya sabía que se trataba de una misión, últimamente gracias a mi buen trabajo en las mismas me llegaban mas a menudo. Tomé el pequeño trozo de papel entre mis manos y lo abrí con rapidez tal vez podría terminarla pronto y volver a dormir antes de que el sol saliera, el titulo me sorprendió un poco, hace mucho que no tenía que realizar un asesinato, no era algo dificil ni complicado, simplemente cortar un cuello o aplastar una cabeza y ya, pero una palabras subrayadas lograron estremecerme, el señor feudal ...

Apreté la carta con fuerza, contuve mis impulsos y ganas de salir corriendo por la puerta para atrapar a quien había dejado la carta, tenía que comportarme de la manera mas profesional posible, no podía creer que el hijo del amo del país decidiera encargarle a los ninjas aniquilar a su padre, era un acto de total deshonra por parte del Raikage. Tomé mi equipo ninja como siempre estaba preparado cerca de mi cama, muchos kunais, varias estrellas, una espada y bombas de humo, cerré mi chaleco hasta arriba cubriendo casi por completo mi cuello, estaba listo para una " Charla " con el kage de la nube, Jellal San me tendría que dar una explicación a esto, yo no era un shinobi cualquiera, era uno el cual hacia lo que realmente sentía que era lo correcto, no simplemente lo que lo enviaban a hacer, lo cual tal ves no sea lo que un ninja debía hacer, pero era una de las cosas que mas me caracterizaba.

Salí de mi casa con mi guardia alta, podía sentir el olor a muerte a mi alrededor, estábamos al borde de un golpe militar y por lo visto el cuartel de anbus estaba del lado del Raikage, su chakra estaba corriendo de un lado al otro por toda la aldea, estaba seguro que no únicamente a mi me encargaron esta misión a otros compañeros con el mismo rango y estatus seguramente le dieron el mismo recado, también tenía la certeza de que ellos como yo se habían indignado y conociendo sus caracteres no me sorprendería que hubieran reaccionado, por lo cual este olor a sangre que flotaba por do quier debía ser de ellos.

Vigilando mis espaldas me movía a toda velocidad hacia el despacho de kumo, con la esperanza de encontrarme en ese lugar con la sombra de la nube, notaba como esos otros shinobis enmascarados diambulavan por el lugar, vigilando todo, me escondía como podía, adelanándome a sus movimientos y camuflando mi chakra gracias a mis habilidades sensoriales esto se me volvía realmente simple. Llegué al despacho del raikage e inmediatamente dos anbus se interpusieron en mi camino.

Anbu 1: Que quieres aquí ?

Anbu 2: Koga deberías estar cumpliendo tu deber y yendo a buscar tu objetivo.

¿Como podrían llamar " objetivo " a el señor feudal?¿Que demonio podría haber poseido a todos estos tipos para que de un día a el otro decidieran convertirse en nada mas que escoría y olvidar todo lo que el padre de Jellal nos había dado?¿A caso todas las cosas que habíamos pasado juntos no fueron mas que mentiras?¿Todo aquello que se nos había enseñado en la academia ninja de cuidar a nuestros compañeros y del respeto mutuo se había borrado simplemente por el hambre de poder de un hombre?

Muévanse si no quieren morir, estoy muy molesto y no tengo tiempo para perder con fracasados como ustedes.

Dije seguro de mis palabras, conocía como la palma de mi mano a estos dos y si bien tenían bien merecido su titulo de Anbu de kumo, tenía muy claro de que podía con los dos juntos, ellos también lo sabían y lo demostraban con las gotas de sudor que recorrían lo poco que se podía ver de sus mejillas, les costaba esconder su miedo, eran realmente patéticos.

Anbu 1: Vete al infierno!

Ambos ninjas comenzaron a realizar sellos de manos, mis ojos miraban de un lado a otro a gran velocidad para decifrar las combinaciones que hacían y así poder lanzar un jutsu que contrarrestara ambos movimientos, empecé con la secuencia de mis manos cuando sin que ninguno pueda hacer nada la puerta detrás de ellos se abrió de golpe, una ráfaga de un chakra monstruoso salió de adentro, era Jellal, mi viejo compañero de academia el cual ahora ostentaba el titulo de Raikage de Kumogakure no sato.

Jellal: Si quieres un combate será conmigo.

Dijo cruzándose de brazos mientras me miraba de manera fija, estaba vestido como yo, con su equipo ninja listo para el combate, por lo visto tenía claro que no todos lo seguirían y como yo estaba preparado para cualquier cosa. Llevé mis manos al lado de mi cuerpo, dejándolas simplemente colgadas, estaba atento a cualquier cosa, pero también sabía que el era superior a mi, por lo que era preferible no tener que pelear de esta manera tan frontal, solamente tenía que preguntar lo que quería preguntar y marcharme.

Por que haces esto? Asesinar a tu padre? a tu padre que ah sido como un padre para todos aquí? que demonios te ah pasado Jellal?

Dije Casi gritando, elevando mi voz para que sonara como una reprimenda y que este comprendiera mi enojo. No tenía miedo de hablarle como igual, por que aunque fuera el kage, era mi amigo de la infancia con el cual había cursado por la academia de la villa.

Jellal: El que sea mi padre y el padre de todos es diferente a matar a un cualquiera? ... Simplemente quiero lo mejor para la aldea, mi padre no es mas que un idiota el cual no comprende nada del mundo de los ninjas, por eso vive a kilometros de aquí dirigiendo el país, los shinobis deben ser mandados por Shinobis, no por viejos que sepan de economía o de relaciones sociales, por eso mismo también eh aniquilado a mis consejeros, hoy es el día del comienzo de una nueva era, una era en al cual solamente los ninjas tendrán el poder. Suspiró y volvió a abrir sus labios, para nuevamente volver a dejar escapar palabras las cuales ya me estaban enfermando - Si quieres puedes venir conmigo y ser uno mas de nosotros o puedes ser otro poco de escoria y morir como todos los que se revelan ante nosotros.

El aire se cortaba con cuchillo, era una de esas tipicas escenas en las cuales uno no quisiera participar, por que sabia que en cualquier momento alguna tragedia podía llegar a tener lugar, tres contra uno y para colmo los tres eran tipos fuertes, no me quedaba otra que correr e intentar buscar una solución a todo esto, antes de que algo malo le pasara a el señor feudal

(Dale play al video para una mejor ambientación)

Jellal, puede que tengas a la mitad de los ninjas de la aldea contigo, pero se que sabes también que los números no son todos los factores que varían la balanza de poder, mi camino ninja se separará del de ustedes y el de la aldea, por que aunque tu seas el kage voy a cumplir con mi verdadero deber como ser humano, el hacer lo correcto.

A toda velocidad empecé a realizar sellos de manos, Jellal y los otros tres se avalanzáron contra mi, no querían permitirme realizar nada, pero los sellos eran solo un engaño, usando mi ocultación de topo me escurrí entre la tierra, ocultando mi presencia de los demás con mis jutsus sensoriales evité toda forma en la cual pueda ser detectado, pero Jellal no se iba a quedar con las manos atadas, este lanzó un poderoso jutsu de raiton contra la tierra, una jutsu que no me alcanzó por completo pero logró dañar parcialmente una de mis piernas, no pude identificar que de que técnica se trataba, dado que yo estaba bajo tierra no pude ver cual era. Las quemaduras en la piel de mis piernas eran severas, pero nada que me impidiera avanzar, mas adelante debería tratarlas como pudiera para evitar las infecciones, tenía mitad de mi cuerpo paralizado, por lo que aunque pudiera seguir lo hacía de manera torpe, me escondería en el subsuelo por un tiempo hasta que la electricidad se fuera por completo de mi cuerpo, mientras tanto le dedicaría mi tiempo a pensar en todo lo que había ocurrido.

Un golpe militar, ya prácticamente impuesto, esta era la medida la cual el raikage había tomado por el echo de que los shinobis selectos no quisieron cumplir con lo que se les había pedido, tomar la aldea por la fuerza sin dejar salir a nadie ni a nada ya que si el país lograba enterarse de lo que estaba sucediendo podría pedir ayuda a las otras grandes aldeas y si dos o tres de ellas se unían sería el fin de Jellal, su revolución y tal ves de la aldea oculta de la nube. Por el tiempo que había pasado podía deducir que eran alrededor de las 6 am, mas o menos 2 horas habían pasado ya, por lo que tenía mas que seguro que todos aquellos que se habían revelado ante el Raikage deberían haber desaparecido, ya que si quería que la aldea no entraba en pánico tendría que hacer todo antes de que saliera el sol, momento en el cual todos los aldeanos se levantaban a cumplir con sus deberes de ciudadanos y en que los shinobis bajos emprendían viaje para sus misiones, por lo que sabía solamente el cuartel de anbu estaba metido en esto. Mi chakra estaba casi por la mitad, había estado manteniendo mi poder sensor activando así anulando mi presencia, lo que tenía un coste minimo pero a la larga mi energía se escapaba, sintiendo la presencia de los demás encontré un punto en el cual pude salir a mirar, lo hice únicamente para hubicarme dentro de la aldea y saber cual era mi posición, estaba al sureste de la entrada, solo podría llegar poco mas lejos de las puertas de kumo bajo tierra, dado que nuestra aldea estaba rodiada por agua tendría que usar algún jutsu diferente para seguirme escabullendo bajo el liquido que nos rodeaba, era un acto un tanto suicida dado la cantidad de shinobis con el elemento raiton que había en el lugar.

Como una serpiente rectaba bajo la tierra, pensando en posibilidades, tácticas, maneras en las cuales podría salir de la aldea sin que nadie me detectara,  creo que recurriría a lo mas simple del mundo, al no contar con el futon para contrarrestar el raiton, debería ir rezando en silencio para que ningún rayo caiga por error en el agua, dado a que solo estaría camuflajeado con un henge no Jutsu. Al llegar a la orilla del agua contuve unos segundos la respiración, para adentrarme en el agua sin salir a la superficie me transformé en un pequeño pez y como podía me alejé de la costa, esperando encontrar así una zona no custodiada, como continuaba escondiendo mi chakra llegué muy cansado a las orillas que rodeaban el país del rayo, con mis piernas que seguían en mal estado mi situación deplorable, pero tenía claro que no podía darme por vencido y rendirme tal ves yo era el único que había logrado escapar, por lo que el futuro de la aldea y del país estaba en mis manos. Podía notar como mi temperatura corporal empezaba a aumentar, era fiebre seguramente inducida por alguna infección que había contraído, obviamente por las quemaduras de mis piernas las cuales no había podido atender bien y había atravesado el mar y la tierra, seguramente arrastrando así miles muchas bacterias.

Mierda y justo ahora te viene a pasar algo así eh? ... Estando a tantos kilometros de civilización y teniendo que esquivar cientos de anbus entrenados y con la misión de aniquilarme ... Creo que estoy bastante jodido.

Dije con una amplia sonrisa mientras me apoyaba en los arboles para seguir caminando como pudiera, no quería usar chakra, eso seguiría debilitando mi cuerpo, buscando entre mis bolsillos encontré unas pequeñas pastillas de antibioticos las tragué para intentar bajar mis niveles de infección y bajar así la fiebre la cual ya empezaba a molestarme. Me costó tragar ese par de pastillas grandes, solo empujandolas a fuerza con mi garganta, nunca antes había notado el efecto tan inmediato de un medicamento, casi instantaneamente mis piernas dejaron de estar acalambradas y mi fiebre bajó casi a un estado normal. No sentía mucho dolor, pero a decir verdad tampoco tenía un gran humbral de ninguna sensación estaba al limite de mis fuerzas físicas. Abrí mi chaleco para que me entrara aire, recordé que en los bolsillos de adentro del mismo tenía un mapa de el área con sus pueblos y ciudades pequeñas que estuvieran en la zona, a tan solo dos kilometros se encontraba un pequeño poblado el cual estaba fuera de la juridicción de kumogakure, dado a que sus propios habitantes pidieron no tener guardias ninjas, tenía claro que muchos estarían buscandome, por lo que habría algún shinobi infiltrado por si yo llegaba a aparecer por allí, por ende también tendría que ir de incógnito. Llegué al lugar, obviamente no por una de sus entradas, el primer lugar que vicitaría sería un hospital, nuevamente usando un henge no jutsu me disfracé de un anciano senil para poder entrar seguro, no notaba señas de algún shinobi cerca. Estando dentro pedí que se atendieran mis heridas y que me dieran una habitación para poder descansar, una enfermera me acompañó a la misma.

Estando dentro junté mis manos para realizar el jutsu de disipación, así mostrando mi verdadera apariencia, era una jugada arriesgada, pero no podría realizar esto yo solo, tendría que conseguir algún aliado que por lo menos me ayudara a recuperar mi estado de salud y así poder llevar a cabo mi misión, ella al ver lo que pasaba se asustó, pero en un movimiento rápido la tomé por las espaldas tapándole la boca.

Cállate, no estoy aquí para hacerte daño, estoy en una misión la cual puede cambiar el destino del país, por favor te pido tu colaboración, necesito que me ayudas a recuperar mis fuerzas para poder continuar. Le susurré intentando calmarla.

La sostuve hasta que se calmó, estaba en ella el creerme o no, realmente estaba preocupado por lo mismo, ya que si ella ponía el grito en el cielo cualquier shinobi de los alrededores podría llegar y atacarme, en mi estado me sería casi imposible defenderme, pero al soltarla ella me miró fijo unos segundos, por lo visto no sabía si confiar en mi, pero con el pié cerró la puerta detrás de ella, sin decir una palabra me empujó a la cama, ella sabía que mi principal problema estaba en mis piernas por la forma de moverme y por lo que había dicho en la recepción, tomó un cuchillo, detalle que me asusto y me hizo sobresaltarme, pero solo lo usó para cortar un poco mi pantalón, ahí fue cuando pude ver lo terrible que se veían mis quemaduras, pero ella ni se inmutó, eso era cosa de todos los días en el hospital por lo que no se asustó, simplemente junto sus manos y empezó a realizar ninjutsu medico sobre mis heridas, pensaba que usaría medicinas comunes, pero esto era mas práctico, poco a poco empecé a recobrar mis fuerzas, mientras que las horas pasaban.

No mucho tiempo después estaba listo para marchar, pronto emprendí nuevamente viaje hacia la capital de el país del rayo, intentando llegar antes de que los ninjas encontraran la manera de contrarrestar la seguridad del lugar. Corría a toda velocidad sin parar de moverme, ahora tenía mi chakra al 100% por lo que podía notar la presencia de otros shinobis a lo lejos, con los 100 metros que tenía para realizar tal cosa podía notar donde estaban y así pasar a lo lejos, ya que no tenía muchos problemas en mi viaje pronto logré dar con la gran ciudad donde reinaba el padre de Jellal el señor feudal del país del rayo.

Mi nombres es Koga Yukimura, Jonin de la aldea oculta entre las nubes, vengo a darle un mensaje a su señor feudal, si alguien desea escoltarme hasta el interior para garantizar la seguridad de su señor no me molestaría.

Los guardias hicieron un saludo formal y se posicionaron a mis lados, abriendo el gran portón de las murallas, para así ingresar atravez de la primer protección del lugar, pronto estaba delante de la habitación, el salón dorado donde el feudal se encargaba de dar sus ordenes, al entrar pude notar lo lujosa que era la habitación pero no me dediqué a admirarla por mucho, solamente le expliqué la situación, del golpe militar en kumo y de lo que estaba haciendo Jellal, como prueba le mostré la carta de la misión. Este enseguida mostró una multitud de expresiones distintas tristeza, ira, enojo, miedo preocupación. Llamó a sus guardias y les dio ordenes.

Feudal: Envien pájaros mensajeros a las grandes naciones ninjas, díganles que necesitamos ayuda e informenles de la situación actual, ya!.

Gritó y sus súbditos fueron corriendo a realizar sus tareas, en cuanto yo, simplemente me quedé en la ciudad, esperando la llegada de Jellal y de sus shinobis, para ayudar a los guardias locales a defender el país.

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